domingo, 13 de marzo de 2016

Sandra.


Me hieres. Cada vez que dices “no”. Cada vez que aprietas los dientes y pronuncias “no puedo”. No puedo o no quiero, depende de la mente que lea entre líneas. Y yo, por ahora, estoy leyendo una novela con final apocalíptico entre la línea de tus escusas.


Que mi capacidad de autocrítica se ha desbordado por fin y hoy me quiero más que nunca.  Que si estamos en agua de nadie, porque tierra no queda, es por ti. Si miras abajo comprenderás lo que te digo. Ahí donde no haces pie (ni tu ni tu entendimiento) hay un arrecife de rencor que fabrican los porqués que no van a ninguna parte. Y nado con fuerza, no te pienses, pero hay olas que ni tú mismo te crees y que creas. A mi alrededor, al nuestro. Esas son justo las que rompen contra mí, las que me han partido en dos, los brazos y las ganas de quererte.

Que estos dedos ya no quieren rozar ni mar de dudas, 
ni océanos de “entiéndeme” 
ni más resacas con tu nombre.

No me perdones, no lo siento ni yo.

jueves, 18 de febrero de 2016

Sonia.


Hace ya tiempo que escribí sobre mis manos “Ojos que no ven corazón que te echa de menos”. Y me estoy quedando sin refranes inventados para decirte, simplemente, la palabra “vuelve”. El diagnóstico dice que soy tartamuda de actos. Que cuando quiero echar a correr en tu dirección pongo el pie en la calle y digo “mejor no”, y me quedo a medio camino entre mis ganas y tu indiferencia.  

Vu.  Vu.  Vu. Vuela lejos, amor mío. Te miro, sonrió y digo “hasta pronto”.

A lo mejor es eso. Que como nunca has estado aquí no puedes regresar. Y donde antes había  rincones inhóspitos que llenabas de vida, ahora solo quedan cuervos, ingratos y desagradecidos alimentándose de gritos mudos llenos de pena contenida.  Y donde mis pestañas se hundían en tu piel y tu olor lo impregnaba todo, ahora solo queda rímel gastado y un par de barras de labios para salir. Como si al vestirme de rojo fueras a decir de nuevo,” Lo apuesto todo al número 32”.

Que nuestro portal sigue preguntándose por qué no llamas de nuevo al timbre y dices “yo”. Que sigo agarrando el picaporte para gritarte desde lejos “vuelve”, pero me quedo a medias, entre tu rechazo y mi culpa, y por tartamuda solo soy capaz de cerrar la puerta. Que lo aposte todo al 32 y al “nosotros” y me quede sin nada.

Que desde entonces ni vivo. Ni muero. 

Ni tuya.  Ni mía.

lunes, 8 de febrero de 2016

Camelia.


De mi lista de historias de amor solo una se clasifica en el pasillo del te quiero sano. Una dieta estricta basada en 1 o 2 piezas de “tengo ganas de verte” semanal. Dulces como un “buenos días”, rico en azúcar, es esencial para sobrevivir de lunes a jueves. Para los fines de semana la cosa se vuelve  más flexible, te dejo tu espacio pero por favor, llénalo antes de que llegue el domingo de “ojalá viernes de nuevo”. Sábado de resurrección para conseguir un extra de energía. Dicen los médicos que como complemento debemos ingerir una importante ración de buen humor y humor del bueno. De eso, por suerte, tomamos a diario. Hoy para cenar toca algo ligero, un abrazo, un mordisco de oreja y un “buenas noches mi amor”.

Que poco me cuesta estar a dieta de ti.