domingo, 3 de marzo de 2013

Olvido.


Poder ser la musa de alguien cuyas ganas de vivir ganen batallas perdidas. Alguien que sepa describir mis ojos como los más profundos de la tierra y mis manos como las más suaves que haya acariciado jamás. Que se pierda en mi pelo corto y alborotado y ría cuando mi coleta pierda el equilibrio y comience a caer por culpa de la gravedad. Que describa mis lunares y sepa cuantos tipos de sonrisa tengo. Como aquella película de hace años. Que escriba en versos lo que siente con mis besos y que haga poesía cuando el miedo de perderme le pille por sorpresa. Porque los buenos escritores ven ese tipo de detalles.

Desear ser, por una vez, la inspiración de alguien sobre lápiz y papel.

sábado, 2 de marzo de 2013

Violeta.


Y aun así, cuando regreso a casa con un par de copas de más es inevitable acordarse de ti. De tu último cigarro del día en la ventana, de las paredes grises de nuestra habitación. Grises como los días en los que vivo desde que decidiste respetar mi decisión. Abandonarte. Dejarte libre. ¿Marchar? No encuentro la palabra correcta. Todas me siguen pareciendo igual de incomprensibles y nefastas. Nada encaja con lo que te diría si estuvieras aquí, en nuestro sofá debajo de una manta. En casa. Con las manos enlazadas. Porque sigo paseando por nuestra calle y sigo esperándote a las 10:30 en la salida. Aunque tú no me veas, sigo escondida entre tus “te quiero” y mis “no te quiero olvidar”. Demasiados “quiero” en este corazón etílico cansado de intentar olvidarte en cada sorbo que le doy a la vida.

jueves, 21 de febrero de 2013

Fátima.


Capaz de colmar mi memoria de nuevas sensaciones con un par de canciones y tres tipos sonrisa. ¿Qué ésta canción te recuerda a otro? La escuchamos en versión bachata. ¿Qué otros te invitaron a éste restaurante? Pues entramos y cenamos allí. Y no importa porque, a partir de entonces, cualquier recuerdo será mejor que el primero. Felicidad sobrehumana y pasión en estado puro. Viajero sin miedos, pisando sobre seguro. Así es él.  Solo hay algo que le hace perder el equilibrio. Incapaz de mirarme a los ojos más de 5 segundos seguidos se esconde en palabras absurdas si le digo que le quiero.

¿Aún sigues preguntándote que hay detrás de cada suspiro? Es un no te vayas, un quédate conmigo, que contigo esta ecuación tiene más sentido que cualquier otra que tuve en tiempos pasados.