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Esta mañana me he visto reflejada en la pantalla
del ordenador. He dormido unas diez horas pero a pesar de ello tenía ojeras marcadas
que reflejaban ¿cansancio? Las he rozado con mis dedos para intentar
difuminarlas pero ahí seguían unos segundos después. Me he preguntado entonces
como has podido llegar a quererlas tanto como a mí. Me abruma tu forma de
cuidarlas, besas mis ojos, acaricias mi nariz y sonríes. Tal vez ni siquiera te
has percatado de que están ahí. Tal vez
has aprendido a ver a través de ellas. He hecho la cuenta de la vieja, no lo
recuerdo, más de 1095 días nos separan de la primera vez que dijimos “esta vez
puede que sí”. Y debo admitir que aún sigo mirándote embelesada cuando nadie me
observa y pienso “la suerte la encontré yo”. Ayer me dijiste “La cantidad de
besos que te doy no tienen importancia, lo importante son las veces que te hago
reír al día”. Y os prometo que lo he intentado pero he sido incapaz y no me
salen las cuentas de nuevo. Que mala cabeza la nuestra que tampoco tenemos
fechas que celebrar, ni meses que cumplir. Tal vez por eso, afortunadamente para
nosotros, no hay caducidad que valga.
Escribo rápido.
No me lo tengas en cuenta, hemos quedamos en media hora y vuelvo a llegar tarde.
Más de 1095 días y sigo corriendo cuando
salgo de casa, solo, para volverte a ver.
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