lunes, 24 de octubre de 2016

Alba.


Seguimos sin cumplir años, 
sin tener “el día de nuestro primer”, 
señalando como único culpable de éste crimen perfecto a la casualidad, 
viviendo en horizontal 
y sabiéndonos más felices desde entonces. 

Sin derrochar te quieros. 
Sin ser visibles a ojos de los demás. 
Libre pero siempre tuya. 
Nuestros pero siempre libres. 

Tan solo recordando que fue, 
en ésta época del año, 
cuando quisimos probar 

y acertamos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Oneida.


Me has invitado a la fiesta de la hipocresía, al espejismo de una suculenta vida, y yo, que soy más de ser neutral y no pisar con zapatos la tierra de nadie, me he visto zambullida en un contenedor de basura lleno de rencor. Contoneas tu sonrisa de lado a lado fingiendo una extrema felicidad mientras a escondidas siseas, como las serpientes, que quieres salirte con la tuya. Mustio sentido del humor y decencia de quién prefiere herirte bromeando y bromea sin saber si le han dado vela en nuestro entierro o en el suyo. Y puede que me hayan hecho daño, sí, pero si me han escupido ha sido a la cara. Que el karma reparta suerte, que  mientras yo le echo un órdago a la vida tu apuestas por el equipo perdedor, el de morderte la piel y morir envenenada. No hay nadie vivo o muerto que pueda salvarte, y esto es así.

martes, 30 de agosto de 2016

Cristina.


Menos mal que la casualidad la sorprendió sonriendo. Lo llaman la suerte de los valientes porque los principiantes, en esto del amor, yerran más que nadie. Que los cruces de mirada, aunque en distintas direcciones, siempre tienen un punto en común y debemos aprender a hablar el mismo idioma. Que si la dicha es buena, como dicen, nunca es demasiado pronto. 

Llegó antes del cuarto de siglo.
Le prometió que se quedaría allí. 
No para siempre, tan solo hasta que ella dejara de parpadear.