martes, 29 de noviembre de 2016

Ellas.


Volátil, agarro al resto con fuerza para que no se escapen. Y ya no sé si son mis manos las que protegen sus cuerpos del tan terrible aburrimiento, o son las del resto las que me protegen a mí de una vida llena de “me hubiera gustado”. Son capaces de saltar al vacío, si es por amor.

Cenicientas con zapatillas y una ginebra en la mano.  Irene X dijo “Nadie baila como yo mi canción favorita”, pero nunca habló en plural. Lo que no sabe es que los bailes, si son acompañados, se sienten mejor. Por eso del contagio de la risa y la unión espontanea de las manos. Y levanto los brazos dirección al cielo con los ojos cerrados, entonando sin cuidado alguno “La mujer de verde” o algún simil que nos haga felices, sabiendo que aquello solo puede ser fruto de la casualidad. Que pocas veces se han juntado personas tan sanas en tan pocos metros cuadrados. Porque con ellas de lo único que puedes morir es de un infarto al corazón por cariño en exceso, o como mucho de un bonito dolor de pies.  

Nadie nunca bailará como nosotras nuestra canción favorita.

lunes, 24 de octubre de 2016

Alba.


Seguimos sin cumplir años, 
sin tener “el día de nuestro primer”, 
señalando como único culpable de éste crimen perfecto a la casualidad, 
viviendo en horizontal 
y sabiéndonos más felices desde entonces. 

Sin derrochar te quieros. 
Sin ser visibles a ojos de los demás. 
Libre pero siempre tuya. 
Nuestros pero siempre libres. 

Tan solo recordando que fue, 
en ésta época del año, 
cuando quisimos probar 

y acertamos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Oneida.


Me has invitado a la fiesta de la hipocresía, al espejismo de una suculenta vida, y yo, que soy más de ser neutral y no pisar con zapatos la tierra de nadie, me he visto zambullida en un contenedor de basura lleno de rencor. Contoneas tu sonrisa de lado a lado fingiendo una extrema felicidad mientras a escondidas siseas, como las serpientes, que quieres salirte con la tuya. Mustio sentido del humor y decencia de quién prefiere herirte bromeando y bromea sin saber si le han dado vela en nuestro entierro o en el suyo. Y puede que me hayan hecho daño, sí, pero si me han escupido ha sido a la cara. Que el karma reparta suerte, que  mientras yo le echo un órdago a la vida tu apuestas por el equipo perdedor, el de morderte la piel y morir envenenada. No hay nadie vivo o muerto que pueda salvarte, y esto es así.