miércoles, 15 de marzo de 2017

Vanesa.



La vida es un poco hija de puta.
Te pone cachonda y te arropa en la cama a partes iguales.

No hay vuelta atrás.
Te miro. Me miras.
Justo ahí,
está la señal de prohibido picar entre horas.
Pero te mueves, me miras, sonríes y plas.
No hay ser humano que sepa decirte que no.

Lo intento, te rozo y te escapas.
Y que bien estaría que no me dejaras escapatoria.
Que me dijeras “esta noche no hay culpable”.
Agarrar el arma entre mis manos, disparar y besarte.
Hacer arte con los besos y que me comas a tiempo,
para llegar mañana temprano a la fiesta de los que no supieron valorar lo que tenían.

Tú, que hasta ahora has sido la mejor tentación 
que podría haber tenido Eva.
Bésame y pide mañana la cuenta.
Que tengo dinero suficiente para pagar esta deuda conmigo misma.
Al menos, por esta noche.

sábado, 4 de febrero de 2017

Iziar.


Tengo todo lo necesario para poder cerrarlo. He aplicado esparadrapo, cola blanca, grapas, aguja e hilo. Eme aquí que he conseguido ponerlo todo y aún así me resulta incomodo de llevar. Cambio de postura. Duele. Le doy la vuelta a la almohada. Duele. Estiro los brazos para ver si así la sangre fluye mejor. Me noto vacía. Como cuando golpean la puerta o llaman al timbre y observas por la mirilla pero finges que no estás. Siguen preguntándome si me encuentro bien. Lo que no saben es que he perdido el mapa con la ruta que compre hace un siglo (o al menos así me lo pareció). Antes había una dirección, una voz del GPS repitiendo el nombre del destino y los kilómetros para llegar a él. Y ahora hay que reiniciar. Cambiar la ruta, la dirección y el destino.

- Un billete por favor.
- ¿Destino?
- Donde esto deje de doler.- Señalo el corazón con el dedo índice.
- ¿Ha probado usted con un poco de hielo?- Mierda, pienso. Se me olvidó probar con hielo. Así pasa que después de las grapas y la cola blanca se ha quedado un hinchazón que cualquiera lo baja. Suspiro.
- Lo más lejos que pueda, por favor.

Y es entonces cuando recuerdo que lejos ha dejado de significar distancia, que cerca ha dejado de significar te quiero y que respeto dejó de tener mi nombre. Porque hay hombres con nombre que tan solo deberían llevar marcado a fuego en el corazón “condenado por alta traición”. Por eso de que, en un futuro, toda mujer que escuche tus latidos sepa que una vez hiciste daño porque lo quisiste todo, menos a mí. Pobre de la que no escuche y tan solo oiga, porque en sus manos está la decisión de estar contigo y doler. 

domingo, 15 de enero de 2017

Macarena.

“También es vida eso que no cuentas a nadie”


Te quiero no solo cuando hacemos el amor. Te quiero cuando lo hacemos y aprieto fuerte tu espalda con mis manos para que no me sueltes. Te quiero cuando acurrucas tus labios en mi cuello en busca de un, vulgarmente conocido, kit-kat. Porque la rutina es dura y nada podemos hacer aquellos que aún buscamos la manera de ser libres con poco. Nada  salvo esperar y salvarnos por el camino tú y yo.

Te quiero cuando haces de la música el mejor acompañante de la escena principal. “El problema es que las películas de hoy en día nos dan una imagen errónea de lo que es el romanticismo”. Romanticismo es no mirarse a los ojos después del mejor affaire entre personas que conocen todas y cada una de sus rarezas, es pensar en la cena que vendrá después mientras echamos un pulso chino en la lucha por el mejor postre. Porque cuando no puedo comer más y mi estómago dice BASTA hago trocitos pequeños y bebo constantemente agua. Pero nadie más que tú, se ha fijado en ello.

Los ojos ciegos de vista perfecta aún no lo saben pero son muchas las veces que me dices te quiero sin pronunciar ni una sola palabra con tus cuerdas vocales. La naturalidad y sus peculiaridades, nuestras costumbres. Nuestros pies fríos buscándose entre las sábanas para equilibrar temperaturas. El tiempo, y saberte mío después de seguir tachando días, meses y años en el calendario.

Un beso en nariz.
El mejor te quiero del mundo es justamente eso.
Y basta, sobra y alcanza para hacerme feliz.